La embarcación, que zarpó de Gambia con 128 personas a bordo, fue rescatada a la deriva al sur de Gran Canaria. Los testimonios de los supervivientes revelan que 23 personas, entre ellas una bebé, fueron arrojadas al mar durante la travesía. La ONG Caminando Fronteras denuncia que al menos 4.500 personas han muerto en esta ruta en lo que va de año, la más mortal del mundo.
El mar, que durante siglos ha sido una vía de escape para quienes huyen de la miseria, ha vuelto a devorar sueños. Un cayuco que zarpó de Gambia hace 27 días con 128 personas a bordo ha sido rescatado a la deriva al sur de Gran Canaria. El balance, tan brutal como desolador: 45 supervivientes, seis cadáveres recuperados y más de 80 desaparecidos.
La embarcación, localizada por el avión Sasemar 101 a 120 kilómetros de Arguineguín , fue rescatada en la madrugada del jueves por la Guardamar Urania. A bordo, los efectivos de Salvamento Marítimo encontraron a 44 personas con vida —todos varones de origen subsahariano— y cinco cuerpos sin vida. Durante las labores de rastreo posteriores, se recuperó un sexto cadáver. Un superviviente, en estado crítico, fue evacuado en helicóptero al Hospital Universitario Insular de Gran Canaria.
«23 personas fueron arrojadas al mar»
El testimonio de los 45 supervivientes ha desvelado la dimensión real de la tragedia. Según ha denunciado Caminando Fronteras, 23 personas fueron arrojadas al mar durante la travesía, víctimas de una lógica de supervivencia tan cruel como desesperada. Quienes tomaban esa decisión buscaban aligerar el peso de la embarcación ante la falta de provisiones, pero también deshacerse de quienes ya no tenían fuerzas para seguir. Entre los arrojados al mar se encontraban una bebé, tres mujeres y un niño.
«Han sido 27 días de infierno», ha declarado Helena Maleno, portavoz de Caminando Fronteras, que ha alertado de que esta dinámica se está reproduciendo en la ruta canaria con una frecuencia alarmante. La ONG ha subrayado que la mayoría de los fallecidos en esta ruta no mueren ahogados, sino por inanición y deshidratación, alargando su agonía durante días en alta mar . Una muerte lenta, silenciosa, que no aparece en los titulares.
Una ruta que no da tregua: 4.500 muertos en lo que va de año
La tragedia de este cayuco no es un hecho aislado. Es la crónica de una crisis humanitaria que se ha normalizado. En lo que va de año, al menos 4.500 personas han muerto o desaparecido en la ruta atlántica que conecta África Occidental con Canarias, según los datos de Caminando Fronteras. Una cifra que convierte esta ruta en la más mortal del mundo para migrantes y refugiados, muy por encima de la del Mediterráneo Central.
Mientras la crisis migratoria en Ceuta ha acaparado la atención mediática y política durante el último mes, la ruta canaria sigue siendo un hervidero de muertes silenciosas que no dejan de sumar víctimas. Las organizaciones sociales llevan meses denunciando que la atención a los migrantes en Canarias es insuficiente y que el número de muertes en el mar sigue siendo inaceptablemente alto.
El debate sobre el derecho a migrar
La muerte de estas 80 personas no es un accidente. Es el resultado de una política migratoria que externaliza fronteras y criminaliza la solidaridad. Es el resultado de un acuerdo con Marruecos que ha desviado la presión migratoria hacia la ruta atlántica, convirtiendo el océano en un cementerio. Pero también es el resultado de una Unión Europea que mira hacia otro lado mientras miles de personas mueren en sus fronteras.



