Las muertes asociadas a las altas temperaturas en España ya ascienden a 3.629 en lo que va de 2026, según el Instituto de Salud Carlos III. Mientras las administraciones recomiendan quedarse en casa, poner el aire acondicionado y ducharse varias veces al día, más de 37.000 personas no pueden cumplir ninguna de estas medidas. Las asociaciones reclaman una respuesta estructural que vaya más allá de los refugios climáticos y que aborde el acceso a una vivienda como cuestión de salud pública.
El calor extremo ya es una realidad que España afronta cada verano con mayor intensidad. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) estima que cada década los termómetros marcan tres décimas más de grado, una tendencia que provocará que a finales del siglo XXI haya entre 20 y 30 días más de ola de calor al año. El impacto sobre la salud es inmediato. Según el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, en lo que va de 2026 ya se han registrado 3.629 muertes asociadas a la temperatura, superando ya las 2.904 de todo 2025.
Para la población general, las recomendaciones son claras: evitar la calle en las horas de más calor, mantenerse hidratado, buscar lugares frescos, ducharse con frecuencia y mantener la vivienda fresca. Pero para las personas sin hogar, estas medidas son inalcanzables.
37.000 personas sin un lugar donde resguardarse
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2022 había en España 28.552 personas sin hogar. Sin embargo, esta cifra solo recoge a quienes son atendidas en centros asistenciales. Asociaciones como HOGAR SÍ elevan la cifra real a 37.117 personas.
La Fundación Luz Casanova amplía la definición: una persona sin hogar no es solo quien duerme en la calle, sino también quienes «viven en alojamientos muy precarios, habitaciones sin ventilación, asentamientos o espacios inadecuados para afrontar episodios de calor extremo».
Sin sombra, sin agua, sin descanso
Durante las horas de mayor insolación, quienes viven en la calle buscan refugio en soportales, parques o estaciones. Pero estos espacios no ofrecen protección suficiente. Según el informe Vivir en la calle en Barcelona (2025) de la Fundación Arrels, un 58% de las personas sin hogar tienen dificultades para encontrar un sitio cubierto donde pasar los días más calurosos.
Dormir en un banco o sobre el asfalto —cuya superficie puede alcanzar los 60 grados— agrava el desgaste físico y dificulta el descanso. A ello se suma la falta de acceso continuado a agua potable o alimentación adecuada.
«El calor agrava una situación de vulnerabilidad ya muy compleja»
Desde la Fundación Luz Casanova confirman la gravedad del problema. «Las altas temperaturas agravan una situación de vulnerabilidad que ya de por sí es muy compleja», afirman. Para quienes viven en la calle, el calor extremo no supone únicamente una incomodidad, sino «un riesgo real para su salud y, en algunos casos, para su vida».
Físicamente, se observan con frecuencia deshidratación, agotamiento, mareos, bajadas de tensión y un empeoramiento de patologías previas. Psicológicamente, «la incertidumbre sobre dónde pasar las horas de más calor o la sensación de no disponer de un lugar seguro incrementan la ansiedad, la irritabilidad y el malestar emocional».
Refugios climáticos: una solución insuficiente
Para paliar esta situación, muchos ayuntamientos han puesto en marcha refugios climáticos. Barcelona abrió el pasado 1 de agosto un espacio diurno con 75 plazas en el distrito de Sant Martí, que ofrece fruta, agua, helados y barritas energéticas a las personas sin hogar durante las horas de más calor. El acceso es libre todos los días de la semana, y el espacio cuenta con un sistema de rotación por franjas horarias para priorizar a las personas más vulnerables.
En Madrid, el Ayuntamiento mantiene abierto un refugio climatizado en la Central del SAMUR Social, operativo todos los días entre las 12:00 y las 20:00 horas. Ofrece sala climatizada, agua a demanda, comidas (sopas frías, bocadillos, fruta y lácteos), duchas y atención social. En los primeros 16 días de activación del dispositivo, se atendió a 74 personas. Durante la Campaña de Calor 2026, más de 150 personas han sido atendidas por SAMUR Social, con seguimiento específico a 68 personas en situación de especial vulnerabilidad.
Sin embargo, las asociaciones advierten de que estos recursos no siempre son accesibles. HOGAR SÍ denuncia que estos sitios «no siempre son accesibles para todas las personas, pues quienes sufren esta realidad no se plantean hacer uso de dichos recursos por no verse en una situación estigmatizante» y porque «en más de una ocasión, han visto rechazado el acceso a este tipo de establecimientos».
La solución estructural: una vivienda
La asociación HOGAR SÍ insiste en que el problema principal no surge por una circunstancia meteorológica concreta, sino por la ausencia de una vivienda adecuada. Proponen la vivienda como «principal solución al sinhogarismo y frente a los fenómenos climáticos extremos y desastres naturales, ya que es la misma la que te permite tener un espacio seguro donde descansar, guardar tus cosas, asearte, poder cocinar, e incluso refugiarte».
Las asociaciones reclaman a las administraciones que refuercen las medidas no discriminatorias, amplíen los recursos de atención y los horarios, y consideren estas actuaciones como «imprescindibles para reducir el riesgo inmediato que supone el calor para su salud». Pero insisten en que ninguna de estas medidas sustituye el acceso a una vivienda.
«Las medidas de contingencia son necesarias, pero no sustituyen el acceso a una vivienda», subrayan. Incorporar el acceso a una vivienda dentro de las estrategias de adaptación al cambio climático es también «una cuestión de salud pública y de garantía de derechos».
El problema no es exclusivo de España. En Francia, con 61 departamentos en alerta roja por calor extremo, las organizaciones advierten de que la mortalidad de las personas sin hogar es igual, si no más elevada, en verano que en invierno.
Cada verano se repiten los mismos mensajes institucionales: quedarse en casa, poner el aire acondicionado, ducharse varias veces al día. «Escuchar recomendaciones como ‘quédate en casa’ o ‘pon el aire acondicionado’ genera una profunda sensación de exclusión cuando no se tiene un hogar», señalan desde HOGAR SÍ .



