La selección española de gimnasia rítmica regresó este lunes a Madrid como las nuevas campeonas del mundo, con el oro en el concurso completo del Mundial de Fráncfort. La Terminal 2 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas vivió una auténtica fiesta: familiares, amigos y aficionados recibieron a las gimnastas con banderas, pancartas y gritos de «¡campeonas del mundo!».
La espera había durado 35 años. Treinta y cinco años desde aquel histórico oro en Atenas 1991, cuando la rítmica española se subió por primera vez a lo más alto del mundo. Este lunes, la historia se repitió. El conjunto dirigido por Ana Pelaz y Alejandra Quereda aterrizó en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con el oro mundial colgado al cuello, y el recibimiento no pudo ser más emotivo.
La Terminal 2 se convirtió en una fiesta. Familiares, amigos, aficionados y curiosos se congregaron para recibir a las nuevas campeonas del mundo. El ambiente estaba cargado de emoción. Los gritos de «¡campeonas del mundo!» resonaban en la terminal mientras las gimnastas salían por la puerta de llegadas. Pancartas, banderas de España y cámaras de teléfonos móviles se alzaban para inmortalizar el momento. Las integrantes del equipo, visiblesmente emocionadas, se fundieron en abrazos y posaron con sus medallas de oro, mientras el público no cesaba de vitorearlas.
El triunfo en Fráncfort no solo ha supuesto el segundo título mundial de la historia de la rítmica española, sino que además ha otorgado a las gimnastas el pasaporte directo para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Son las primeras representantes del deporte español en asegurarse el billete para la cita californiana.
El oro que devuelve la ilusión a la rítmica española
La gesta de las chicas de Ana Pelaz y Alejandra Quereda ha sido recibida con orgullo en todo el país. El oro mundial llega en un momento en el que la gimnasia rítmica española necesitaba un impulso. La selección ha demostrado una gran madurez y una ejecución impecable en el Mundial, y ha devuelto a la rítmica nacional a lo más alto del panorama internacional.
«Ha sido un trabajo de años, de mucho esfuerzo y sacrificio», declaró una de las gimnastas al pisar suelo español. «Llevábamos mucho tiempo soñando con este momento. Sabíamos que era posible, pero hasta que no lo vives no te lo crees».
El equipo, que ha trabajado en silencio durante meses, ha demostrado que la constancia y la unión del grupo son la clave del éxito. «Este equipo es una familia», añadió otra de las integrantes. «Hemos luchado juntas, hemos llorado juntas y hoy celebramos juntas».
Un recibimiento histórico para unas campeonas históricas
El recibimiento en Barajas no fue un acto protocolario. Fue una muestra del cariño y el orgullo de un país que celebra a sus campeonas. La afición, que no había podido ver a la rítmica española en lo más alto durante décadas, no quiso perderse la oportunidad de estar allí para recibirlas.
«Este equipo ha hecho historia», declaró una de las asistentes en el aeropuerto. «Han trabajado durante años para conseguir este sueño y hoy son campeonas del mundo. Es un orgullo verlas llegar con esa sonrisa y esas medallas. Nos han dado una lección de esfuerzo y superación».
El oro en Fráncfort no es solo un título. Es el comienzo de un nuevo ciclo para la rítmica española. Es la prueba de que el trabajo en equipo, la dedicación y el talento pueden devolver a un deporte a lo más alto. Las chicas de Ana Pelaz y Alejandra Quereda no solo han ganado un oro mundial. Han devuelto la ilusión a la gimnasia rítmica española.



