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La contaminación de los cruceros en puertos debilita las defensas respiratorias y facilita infecciones como la COVID-19

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Foto: Infobae

Un estudio científico de la Universidad de Southampton ha revelado que las partículas ultrafinas emitidas por los grandes barcos turísticos aumentan la inflamación pulmonar y reducen la capacidad del organismo para combatir virus comunes como el resfriado o la COVID-19. La investigación, publicada en la revista Environment International, advierte que estas emisiones, ricas en metales como vanadio, níquel y cobalto, penetran profundamente en los pulmones y pueden entrar en el torrente sanguíneo, afectando especialmente a las poblaciones que viven cerca de los puertos.

Un estudio pionero en Southampton

El estudio, realizado en el puerto de Southampton —uno de los más transitados de Europa—, expuso cómo los cruceros generan altos niveles de material particulado ultrafino (PM), partículas mucho más pequeñas que el grosor de un cabello humano. Estas partículas, enriquecidas con metales como vanadio, níquel y cobalto, tienen la capacidad de llegar a las zonas más profundas de los pulmones y, en algunos casos, entrar al torrente sanguíneo.

«En esta investigación hemos identificado una clara ‘huella’ de contaminación atmosférica procedente de los cruceros que queman combustible en los puertos» , afirmó Matthew Loxham, profesor de Biología Respiratoria y Toxicología y autor principal del estudio. «Las partículas ultrafinas contenidas en las emisiones de estos barcos pueden penetrar más profundamente en los pulmones que las partículas de mayor tamaño, e incluso pueden llegar a entrar en el torrente sanguíneo».

El papel del vanadio y los metales en la replicación viral

El equipo científico instaló estaciones de monitoreo en diferentes puntos del puerto, incluyendo la terminal de cruceros, y comparó los resultados con un sitio ubicado a cinco kilómetros. Los niveles de vanadio, níquel y cobalto resultaron más altos en la terminal durante la temporada alta de verano, cuando la presencia de cruceros es mayor.

Natasha Easton, autora principal, explicó: «Observamos aumentos en la concentración cuando el viento venía de la dirección de los cruceros y cuando la presencia de cruceros era mayor».

El hallazgo más preocupante surgió de las pruebas de laboratorio. Al exponer células del revestimiento pulmonar humano a estas partículas ultrafinas recolectadas en la terminal de cruceros, se detectó un aumento en los genes ligados a la inflamación y una reducción en la respuesta antiviral.

«Descubrimos que la exposición de las células a estas partículas, y al vanadio —el elemento más abundante en ellas—, era proinflamatoria y facilitaba la replicación de los virus», precisó Loxham.

Un vacío en las regulaciones ambientales

La investigación también puso en evidencia una zona gris en las normativas ambientales. Las regulaciones actuales se concentran en partículas de mayor tamaño, pero dejan fuera a las ultrafinas, precisamente las más ricas en metales y las que logran penetrar más profundamente en el organismo.

«Los hallazgos refuerzan los llamados a reducir las emisiones de los buques en zonas pobladas mediante la adopción de energía eléctrica en tierra procedente de fuentes limpias, combustibles alternativos o la mejora de la tecnología de reducción de emisiones» , señalaron los autores.

Impacto en otras ciudades portuarias

Aunque la investigación se centró en Southampton, sus resultados podrían tener impacto en muchas otras ciudades portuarias. El equipo de la Universidad de Southampton llamó a realizar estudios más amplios en comunidades portuarias para determinar cómo la exposición a estos contaminantes afecta la salud a largo plazo.