La producción nacional de cereales se situaría en 18,6 millones de toneladas, un 30% menos que la campaña anterior, según la segunda estimación de Cooperativas Agroalimentarias. La sequía y las altas temperaturas de mayo y junio han acelerado la maduración del grano, especialmente en el centro y norte del país. La caída de la cosecha nos hará más dependientes del exterior, exponiéndonos a la volatilidad de los mercados internacionales y a la inestabilidad geopolítica (Irán, Rusia, Ucrania…).
Una campaña marcada por el calor extremo
El cereal es la gran víctima del calor en el campo. La producción nacional de cereales se reducirá hasta un 30% respecto a la campaña anterior, según la segunda estimación de Cooperativas Agroalimentarias. La cosecha se situaría en los 18,6 millones de toneladas, para una superficie estimada de 5,28 millones de hectáreas, con un rendimiento medio de 3,52 toneladas por hectárea. Esto supone un 9,5% menos de cosecha que en mayo, cuando hicieron su primera proyección.
«Las condiciones en las zonas más tardías han variado para mal», reconoce José Manuel Álvarez, secretario general de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE).
El descenso se ha producido de manera generalizada en todos los cultivos, tras dispararse el mercurio por un mayo y junio secos y cálidos. El trigo blando apenas alcanzaría los 5,6 millones de toneladas, cayendo un 36%, mientras que la cebada se quedaría en 6,9 millones de toneladas, un 32% menos.
España, más dependiente de un mundo inestable
España es un país deficitario estructuralmente en el consumo de cereales. Una menor producción nacional aumentará nuestra dependencia del exterior. Según el último ‘Balance de Cereales en España’, del Ministerio de Agricultura, el consumo total para la campaña 2025-2026 será de 38,41 millones de toneladas, con unas importaciones estimadas superiores a los 16 millones de toneladas.
«Los precios de los cereales en España no influyen. Estamos en un mercado global. Solo nos hará más deficitarios», explica Álvarez.
La menor producción nacional nos hace más dependientes de la geopolítica. «El abastecimiento está garantizado», apunta Álvarez, pero reconoce que un enquistamiento de la guerra entre Estados Unidos e Irán puede provocar «una crisis petrolífera, que unido al conflicto entre Rusia y Ucrania, aumentará los precios del transporte y repercutirá sobre el precio final de los alimentos».
El maíz, un cultivo que también sufre
La cosecha de maíz también se verá afectada, con una producción proyectada en unas 3,83 millones de toneladas. Este cultivo, que depende en gran medida de las lluvias de primavera, también ha sufrido las consecuencias de la sequía y el calor.



