El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha finalizado este viernes su visita oficial a China, calificada por ambas potencias como “histórica” pese a la ausencia de grandes acuerdos comerciales o diplomáticos concretos. Antes de subir al Air Force One para regresar a Washington, Trump mantuvo un encuentro clave en Zhongnanhai, el corazón del poder chino, para tratar el conflicto que marca su agenda exterior: la situación de Irán.
En una conversación distendida con Xi Jinping, Trump buscó la complicidad del líder chino para frenar las ambiciones nucleares de Teherán. “Sentimos lo mismo, ¿verdad? Queremos que esto termine”, afirmó el mandatario estadounidense, subrayando dos prioridades compartidas: impedir que Irán desarrolle armamento nuclear y garantizar que el Estrecho de Ormuz permanezca abierto al tráfico marítimo internacional, un punto vital para el suministro energético global.
Aunque el viaje ha servido para reforzar la imagen de cordialidad entre las dos economías más grandes del mundo, el balance final deja más gestos que realidades firmadas. El acercamiento personal entre Trump y Xi ha dominado las tres jornadas en Pekín, pero las tensiones en Oriente Medio han terminado por protagonizar el cierre de una gira que pretendía centrarse en el equilibrio de poder en el Pacífico.




