El satélite terrestre mostró su cara más espectacular durante el eclipse parcial que pudo observarse a simple vista en buena parte del hemisferio occidental. El fenómeno, que duró varias horas, fue visible en países de Europa, América del Norte y del Sur, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitieron. No fue una «Luna de sangre», término reservado para los eclipses totales, sino un eclipse parcial con un tono cobrizo muy llamativo.
La noche del 27 de agosto ofreció un espectáculo astronómico que captó la atención de millones de personas en todo el mundo. Un eclipse parcial de Luna tiñó el satélite terrestre de un tono cobrizo, visible en gran parte de Europa y América, siempre que el cielo lo permitiera.
A diferencia de lo que algunos medios han afirmado, no se trató de una «Luna de sangre» —término reservado para los eclipses lunares totales—, sino de un eclipse parcial, en el que solo una parte de la Luna quedó oculta por la sombra de la Tierra. El efecto visual, sin embargo, fue igualmente espectacular: la porción eclipsada adquirió un intenso color rojizo que no pasó desapercibido para los observadores.
¿Qué es un eclipse lunar parcial?
Un eclipse lunar ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite. Cuando esta alineación no es perfecta, se produce un eclipse parcial: solo una parte de la Luna queda oculta por la sombra terrestre, mientras el resto permanece iluminada por la luz solar directa.
El tono rojizo que adquiere la Luna durante el eclipse —popularmente conocido como «Luna de sangre» cuando es total— se debe a la refracción de la luz solar en la atmósfera terrestre. La atmósfera filtra las longitudes de onda azules y deja pasar las rojas, proyectándolas sobre la superficie lunar. En un eclipse parcial, este efecto solo se aprecia en la porción de la Luna que queda bajo la sombra de la Tierra, que es precisamente la que adquiere ese característico color cobrizo.
Un espectáculo visible a simple vista
A diferencia de los eclipses solares, que requieren protección ocular para ser observados, los eclipses lunares son completamente seguros para la vista y pueden observarse sin ningún tipo de filtro o protección. La única condición necesaria es un cielo despejado y, preferiblemente, alejarse de las luces de la ciudad para disfrutar de una experiencia más nítida.
En España, el eclipse fue visible en todo el territorio nacional, aunque su visibilidad varió según la ubicación y las condiciones meteorológicas. Las redes sociales se llenaron de imágenes del fenómeno, con usuarios compartiendo sus fotografías y vídeos bajo distintos hashtags.
Un fenómeno que une continentes
El eclipse parcial de Luna no fue un espectáculo exclusivo de un país o una región. El fenómeno fue visible en gran parte del hemisferio occidental: desde Estados Unidos y Canadá hasta México, Centroamérica y Sudamérica, pasando por Europa occidental y parte de África. Una oportunidad única para que millones de personas levantaran la vista al cielo y compartieran una misma experiencia.
El próximo eclipse
Para quienes no pudieron disfrutar del fenómeno o quieran repetir la experiencia, el próximo eclipse lunar total tendrá lugar el 14 de marzo de 2027, y será visible en América, Europa y África. En esa ocasión, sí podrá hablarse de una auténtica «Luna de sangre», con el satélite completamente teñido de rojo durante la totalidad del eclipse.





