El presidente del Gobierno ha hecho balance de sus años al frente del Ejecutivo en un acto del PSOE, donde ha reivindicado los avances en energías renovables, derechos sociales y reducción de la desigualdad. Sánchez ha recordado que ha tenido que enfrentarse a «crisis inéditas» y ha acusado al PP y a Vox de haber protagonizado una oposición basada en el «insulto y la deslegitimación».
Pedro Sánchez ha vuelto a ejercer de polemista y de gestor al mismo tiempo. El presidente del Gobierno ha hecho este lunes un balance encendido de sus años al frente del Ejecutivo, en el que ha reivindicado los logros económicos y sociales de su mandato y ha arremetido con dureza contra la oposición. Durante su intervención en un acto del PSOE, Sánchez ha asegurado que su Gobierno ha tenido que enfrentarse a «crisis inéditas» —guerras, vaivenes geopolíticos, pandemias— y ha subrayado que, pese a todo, España ha avanzado en energías renovables, derechos sociales y reducción de la desigualdad.
«Nos hemos enfrentado a tiranos, tecnooligarcas y genocidas. Y lo hemos hecho con la cabeza alta y con la convicción de que España merece un Gobierno que mire al futuro, no al retrovisor», ha declarado Sánchez, en una frase que ha sido interpretada como una referencia velada a los líderes internacionales con los que su Ejecutivo ha tenido que lidiar en los últimos años. El presidente no ha precisado a quién se refería con cada uno de esos términos, pero fuentes socialistas han señalado que aludía a «los nuevos actores que están desestabilizando el orden internacional».
«La peor oposición posible»
Sánchez ha reservado sus críticas más duras para el PP y Vox. «He tenido que enfrentarme a la peor oposición posible. Una oposición que no solo discrepa, sino que cuestiona mi legitimidad y la de este Gobierno», ha señalado el presidente, que ha acusado a los populares y a la ultraderecha de haber convertido la política en un «espectáculo de insultos y descalificaciones«. «No recuerdo una oposición que haya llegado a pedir la dimisión del presidente por una crisis migratoria mientras bloquea todas las soluciones. Eso no es oposición, es obstruccionismo«, ha añadido.
Sánchez ha puesto en valor los datos económicos de los últimos meses —crecimiento por encima de la media europea, creación de empleo récord, reducción del déficit— y ha reivindicado los avances sociales de su mandato: la subida del salario mínimo, la reforma de las pensiones, la ley de vivienda, la ley trans y el ingreso mínimo vital, entre otras medidas. «Hemos demostrado que se puede gobernar para la mayoría social y no solo para los poderosos. Y lo hemos hecho con responsabilidad fiscal y con estabilidad económica«, ha subrayado.
El PSOE cierra filas
El discurso de Sánchez ha sido recibido con una ovación cerrada por parte de los asistentes al acto, que han coreado consignas de apoyo al presidente. Los dirigentes socialistas han cerrado filas en torno a su líder y han respaldado su estrategia de confrontación con la oposición. «Sánchez ha demostrado que se puede gobernar en minoría y sacar adelante medidas que mejoran la vida de la gente. La derecha no lo perdona», ha señalado un alto cargo del partido.
La intervención del presidente se produce en un momento de máxima tensión política, con la crisis de Ceuta aún sin resolver, el decreto de vivienda pendiente de aprobación en el Congreso y las encuestas apuntando a un escenario electoral cada vez más fragmentado. Sánchez ha querido enviar un mensaje de unidad y optimismo a sus filas, y ha advertido de que el PSOE «no va a dar un paso atrás» en la defensa de sus políticas.
La respuesta de la oposición
El PP ha reaccionado con rapidez al discurso de Sánchez. Fuentes de la dirección nacional han calificado sus palabras de «ejercicio de autobombo » y han recordado que «mientras Sánchez presume de gestión, los españoles siguen esperando soluciones para la vivienda, la sanidad y la inmigración». Vox, por su parte, ha señalado que el presidente «vive en una realidad paralela» y ha exigido «menos discursos y más medidas concretas».
El discurso de Sánchez marca el pistoletazo de salida de un curso político que se prevé especialmente intenso. Con las elecciones generales en el horizonte de 2027 y una oposición en pie de guerra, el presidente ha dejado claro que piensa defender su gestión sin complejos y que no piensa dejarse desgastar por las críticas.




