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Muere David Hockney [1937-2026], el artista que pintó la alegría de vivir y rompió todas las reglas

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Muere David Hockney a sus 88 años. Foto: RTVE.es

El mundo del arte despide a una de sus figuras más luminosas y rebeldes. David Hockney [1937-2026] falleció este jueves en su domicilio de Londres, a menos de un mes de lo que habría sido su 89º cumpleaños. La noticia fue confirmada por su publicista, Erica Bolton, quien lo describió como una de las «más importantes figuras de los siglos XX y XXI».

Hockney no solo pintó. También desafió. Cuestionó. Se rió de las normas. Y, sobre todo, vivió intensamente hasta el final.

«Pinto de 4 a 6 horas cada día»

Hasta hace pocos meses, el artista seguía trabajando a diario. «Pinto de unas 4 a 6 horas cada día», aseguró en una entrevista concedida en marzo de 2026, con motivo de la apertura de su exposición en la galería Serpentine de Londres. Esa muestra, la primera en solitario que le dedicaba la reputada institución de los jardines de Kensington, fue una celebración de su producción reciente.

Pero el gran broche internacional a su carrera llegó en la primavera de 2025, cuando la Fundación Louis Vuitton de París inauguró la retrospectiva ‘David Hockney 25’. El artista supervisó personalmente la selección de unas 400 obras y el montaje de la exposición, que incluía piezas icónicas de los años 60 y 70, pero se centraba especialmente en sus creaciones de los últimos 25 años.

«El arte debe ser un placer profundo»

En la entrevista de marzo de 2026, Hockney dejó una de las frases que mejor resume su filosofía creativa: «Siempre he creído que el arte ha de ser un placer profundo. Siempre hay, en cualquier lugar, enorme cantidad de sufrimiento, pero mi deber como artista consiste en superar y aliviar la esterilidad de la desesperación. Yo creo que la pintura puede cambiar el mundo».

Una declaración de principios que atravesó toda su obra, desde los retratos íntimos hasta los grandes paisajes, pasando por las famosas piscinas de la etapa californiana.

Del pop a la abstracción, pasando por las piscinas

La carrera de Hockney es difícil de encasillar. Siempre rechazó la etiqueta de artista pop, aunque fue uno de los grandes difusores de ese estilo en los años 60. Su obra abarca el retrato psicológico, el paisajismo, la abstracción y la experimentación tecnológica (incluyendo el uso de iPads y fotografía digital).

Entre sus cuadros más reconocidos mundialmente se encuentran:

  • ‘A Bigger Splash’ (1967) : una piscina californiana, una salpicadura, una ausencia. La soledad hecha color.
  • ‘Mr. and Mrs. Clark and Percy’ (1970-71) : el doble retrato de sus amigos Ossie Clark y Celia Birtwell, con su gato Percy, una obra que captura la intimidad y la tensión de una pareja.
  • ‘Portrait of an Artist (Pool with Two Figures)’ (1972) : otra piscina, dos figuras, una mirada que lo dice todo. Esta obra se convirtió en 2018 en el cuadro más caro vendido de un artista vivo, al alcanzar los 903 millones de dólares en subasta pública.

También destacan sus retratos de relaciones homosexuales, como el penetrante doble retrato del escritor Christopher Isherwood y su pareja Don Bachardy en su casa de Santa Mónica. En una época en la que el Reino Unido penaba con cárcel la homosexualidad (hasta 1967), Hockney pintaba el amor entre hombres con naturalidad y sin complejos.

«Ningún otro artista desde Picasso se ha reinventado tanto»

El director de Tate Britain, Alex Farquharson, resumió este viernes la magnitud de su legado: «Ningún otro artista desde Picasso ha inventado y se ha reinventado» como Hockney. La capacidad de transformación, de cambio de registro, de exploración de nuevos soportes (pintura, grabado, fotografía, escultura, digital) fue una de sus señas de identidad.

Erica Bolton, su publicista durante décadas, añadió: «El legado imperecedero de David Hockney refleja su entusiasmo innato por la vida, su extraordinario sentido del humor, su inmensa generosidad y su curiosidad investigadora, todo ello resumido en su frase característica: Ama la vida».

«Soy un fumador feliz»

Hockney no solo fue un genio del pincel. También fue un personaje. Y un provocador. Hastiado de los «mandones» que repartían consejos de salud que él no quería escuchar, solía ponerse una chapa en la solapa de la chaqueta con un mensaje claro: ‘End Bossiness’ (‘Acabemos con las órdenes’). Veía la prohibición de fumar en espacios públicos como un gesto de «intolerancia» en un Estado democrático. «Soy fumador, un fumador feliz», defendía incluso cumplidos los 80 años.

De la familia obrera radical a la cima del arte

David Hockney nació en Bradford el 9 de julio de 1937, en el seno de una «familia obrera radical», como él mismo celebró de adulto. Era el cuarto de cinco hermanos y el único que continuó los estudios a partir de los 16 años. Su talento afloró pronto: con 18 años vendió su primer cuadro, un retrato de su padre Kenneth, en una exposición de artistas de Yorkshire.

En 1959 ingresó en la prestigiosa Royal College of Art de Londres, donde profesores y directores reconocieron su maestría y hicieron la vista gorda a sus actos de rebeldía contra las reglas académicas. El emergente pintor consideraba que muchas de esas normas eran innecesarias.

El Swinging London y su look inconfundible

Hockney se zambulló de lleno en la movida londinense de los años 60, el Swinging London. Su look era tan icónico como su pintura: pelo teñido en rubio platino, gafas de montura redonda multicolor, pitillo en la mano, chaquetas de tweed o tirantes en colores vivos sujetando los pantalones de faena. Un estilo que mantuvo, con sutiles alteraciones, el resto de su vida.

Los últimos años: achaques, pero sin parar de crear

En los últimos años, su salud se resintió. Un par de achaques y derrames mermaron su oído y su movilidad. Pero no detuvieron su creatividad. Siguió pintando, dibujando y experimentando hasta el final. Contó con el respaldo de su pareja, Jean-Pierre Gonçalves de Lima, y la ayuda de su sobrino-nieto Richard, quien le asistía en el estudio.

«He tenido una buena vida. Hice lo que quería»

La frase resume su paso por el mundo. Sin arrepentimientos, sin concesiones, sin pedir permiso. David Hockney [1937-2026] se va en paz, en su casa de Londres, dejando tras de sí un legado de color, luz y alegría que seguirá inspirando a generaciones futuras.

El arte de hoy no sería el mismo sin sus piscinas, sus retratos y su empeño en demostrar que la pintura, efectivamente, puede cambiar el mundo.