En la noche más oscura que se recuerda en la provincia, la luz provino de los ciudadanos. Mientras los servicios de emergencia trabajaban a contrarreloj en las vías, los vecinos de Adamuz protagonizaron una movilización civil sin precedentes para auxiliar a los más de 150 heridos y supervivientes del choque entre un tren de Iryo y otro de Renfe.
El Polideportivo Municipal cambió su función habitual para transformarse, en cuestión de minutos, en un hospital de campaña improvisado. Allí, entre mantas, agua y comida proporcionada por los habitantes, fueron atendidos los heridos más leves y las personas que se encontraban en estado de shock. La solidaridad no se limitó a víveres; muchos vecinos llegaron a cargar colchones desde sus casas para que los afectados pudieran descansar.
Héroes anónimos a pie de vía La ayuda no solo fue logística, sino operativa. Varios vecinos se desplazaron con sus propios vehículos hasta el lugar del accidente —una zona de difícil acceso— para colaborar con los bomberos y la Guardia Civil. Algunos, provistos de máquinas radiales propias, colaboraron en las tareas críticas de corte del fuselaje de los vagones para ayudar a liberar a las personas atrapadas entre los restos del convoy.
«Hubo quienes simplemente se acercaron para abrazar, para dar calor a los pasajeros que no sabían dónde estaban», relatan testigos presenciales. Otros muchos abrieron las puertas de sus hogares de par en par para ofrecer alojamiento a quienes no podían continuar su viaje o esperaban noticias de sus familiares.




