Las labores de rescate y peritaje en la zona del siniestro ferroviario de Adamuz han dado un giro técnico con la incorporación de unidades caninas especializadas de la Guardia Civil. Los agentes de cuatro patas trabajan sobre el terreno buscando restos biológicos y evidencias clave que permitan agilizar la identificación de las víctimas y aportar datos cruciales a la investigación judicial.
La cifra oficial de víctimas mortales se ha elevado hoy a 41 personas, tras el hallazgo de un nuevo cuerpo localizado al levantar uno de los vagones del tren Iryo mediante grúas de gran tonelaje. Según fuentes de la investigación, el foco se centra ahora en el vagón número 6 del convoy de Iryo, el cual descarriló primero y sufrió los daños estructurales más graves, siendo la pieza fundamental para reconstruir el origen del accidente.
Mientras la tecnología y los perros de rastreo avanzan en la zona cero, el ambiente en el centro de atención a las familias es de absoluta desolación. Decenas de familiares viven un auténtico «vía crucis» debido a la lentitud del proceso de identificación, necesario por la naturaleza del impacto. A las denuncias por desapariciones aún no resueltas se suma la angustia por los heridos que permanecen hospitalizados en estado crítico.
El municipio de Adamuz continúa volcado en el apoyo logístico y psicológico, convirtiéndose en el epicentro de un dolor nacional que no deja de crecer a medida que los equipos de emergencia logran acceder a las zonas más comprometidas de los trenes siniestrados.



