César G. L., de 35 años, fue arrestado esta madrugada en el barrio de Cuatro Vientos después de que su padre lograra llamar al 091 antes de morir. Hace dos años ya se atrincheró con sus progenitores en Fregenal de la Sierra armado con un cuchillo de 25 centímetros. Un juez lo puso en libertad provisional en junio de 2025 al no apreciar riesgo de fuga ni de reincidencia.
La frase quedó grabada en el atestado policial. Eran las 4:40 de la madrugada cuando un hombre de 72 años logró marcar el 091 y pronunciar cinco palabras antes de que su propio hijo acabara presuntamente con su vida: «Mi hijo nos quiere matar».
Cuando los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional llegaron al número 12 del Paseo de los Húsares, en el madrileño barrio de Cuatro Vientos, se encontraron la puerta bloqueada desde el interior. Tuvieron que derribarla con un ariete. Dentro, en una de las habitaciones, yacían los cuerpos sin vida de César y María, de 72 y 69 años, ambos con múltiples traumatismos causados por una mancuerna.
En otra habitación estaba su hijo, César G. L., de 35 años, en un estado de «extrema violencia y agitación». Los agentes tuvieron que reducirlo con una pistola eléctrica (táser). Fue detenido con la mancuerna todavía ensangrentada en la mano y evacuado en una silla de ruedas, con los brazos y el torso inmovilizados.
El precedente que nadie olvidó
La historia de César G. L. no empieza esta madrugada. Empieza en agosto de 2024, en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra. Aquel verano, el mismo hombre, entonces de 34 años, deambuló por las calles del municipio armado con un cuchillo de 25 centímetros. Amenazó a varios viandantes, se enfrentó a agentes de la Guardia Civil y de la Policía Local y, finalmente, se atrincheró junto a sus padres en la vivienda familiar durante más de tres horas.
Aquel episodio terminó sin víctimas mortales. César salió de la casa por su propio pie tras la mediación de los negociadores y de sus propios padres, que permanecieron junto a él en todo momento. Fue detenido y el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Fregenal de la Sierra decretó su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza por cinco presuntos delitos: homicidio en grado de tentativa, atentado contra agentes de la autoridad, daños, amenazas en el ámbito de la violencia de género y amenazas en el ámbito familiar.
Nueve meses en prisión y una libertad condicionada
César permaneció nueve meses en la prisión de Badajoz. El 3 de junio de 2025 , el mismo juzgado acordó su puesta en libertad provisional. El auto valoró que no existía riesgo de fuga —tenía arraigo familiar, laboral y social en Madrid— ni riesgo de reiteración delictiva.
Los argumentos del juez fueron los siguientes:
🔹 Informe médico forense: en el momento de los hechos, el detenido presentaba una intoxicación etílica que afectaba parcialmente a su capacidad volitiva
🔹 Sin acusación por violencia de género: su pareja declaró que la relación continuaba y que nunca se había sentido agredida ni atemorizada
🔹 Comportamiento en prisión: había participado «de forma satisfactoria» en talleres de conductas adictivas
🔹 Estabilidad psicopatológica: el juez consideró que el hombre se encontraba «estable» desde el punto de vista psicológico y psiquiátrico
La libertad quedó condicionada a la obligación de comparecer cada quince días ante el juzgado de guardia de su domicilio. Su abogado, José Duarte, ha confirmado que la última comparecencia de César tuvo lugar el pasado 1 de octubre en los juzgados de Alcorcón.
«Muy confuso» y «muy nervioso»
El relato del abogado añade un elemento inquietante. Según Duarte, cuando César acudió a firmar el 1 de octubre estaba «muy confuso», preocupado porque creía que no había firmado correctamente el documento de comparecencia y con miedo a ser ingresado en un psiquiátrico.
El abogado también ha revelado que tanto César como su padre —una de las víctimas— le llamaron por teléfono el jueves por la tarde. El progenitor estaba preocupado por el estado de su hijo; el propio César se mostró «muy nervioso». Tres días después, ambos estaban muertos.
Las víctimas: un marino respetado
La víctima mortal, el padre del detenido, era capitán de navío y había desempeñado el cargo de vicedirector del Instituto de Historia y Cultura Naval. Los vecinos de la urbanización lo describen como una persona «encantadora» y «muy religiosa», que acudía a misa a diario junto a su esposa. La pareja acababa de convertirse en abuelos hacía apenas unos días. Tenían otras tres hijas.
Los residentes de la zona también han señalado que el detenido llevaba tiempo prácticamente desaparecido de la urbanización y que su estado era «raro»: «No se relacionaba con nadie. Iba con la mirada perdida», ha declarado una vecina. Otra ha asegurado que todos en el barrio conocían el episodio de Fregenal y que César había salido «muy mal» de la prisión.
La pregunta que queda en el aire
El caso de César G. L. reabre el debate sobre el equilibrio entre la libertad individual y la protección de la sociedad cuando se trata de personas con problemas de salud mental que han cometido delitos violentos. El juez de Fregenal valoró en junio de 2025 que el hombre estaba «estable» y que no había riesgo de reincidencia. Catorce meses después, sus padres han sido asesinados en su propia casa.
Los forenses evaluarán ahora el estado mental del detenido en el momento de los hechos para determinar si es imputable. El juez que instruye el caso ha decretado el secreto de sumario. La autopsia y el análisis de las pruebas, incluida la mancuerna, serán determinantes para esclarecer las circunstancias exactas del doble crimen.




