Este sábado, Fuentidueña del Tajo (Madrid) celebra su tradición más arraigada: la embarcación de la Virgen de Alarilla, una procesión única en España que recorre 800 metros del río Tajo acompañada por cientos de devotos, algunos de ellos nadando con antorchas. La fiesta, con más de 150 años de historia, está declarada Bien de Interés Cultural.
El río Tajo se convierte cada segundo sábado de septiembre en el escenario de una de las tradiciones más singulares y espectaculares de España. La Virgen de Alarilla navega de noche sobre una barca iluminada con más de 2.000 bombillas de colores, en una procesión fluvial que congrega a cientos de devotos en Fuentidueña del Tajo, un pequeño municipio de la Comunidad de Madrid a solo 60 kilómetros de la capital.
La estampa es única. La imagen de la Virgen surca el Tajo en una barcaza que imita las antiguas barcas de maroma, acompañada por fieles que la vitorean desde las orillas y por nadadores que se lanzan al agua para escoltarla. Algunos de ellos portan antorchas encendidas, iluminando el camino en la oscuridad de la noche.
Una tradición nacida de la necesidad
El origen de esta procesión se remonta a 1866, cuando el general Prim, en su huida tras un intento fallido de derrocar a la reina Isabel II, ordenó cortar el puente de maroma que unía Fuentidueña con la dehesa de Alarilla. Los vecinos, que necesitaban trasladar la imagen de la Virgen hasta su ermita, se vieron obligados a cruzar el río en una barca.
Aunque el puente fue reconstruido en 1876, la tradición de la travesía fluvial ya se había arraigado profundamente y ha perdurado hasta nuestros días, con la única excepción del año 2020, a causa de la pandemia de COVID-19.
Un recorrido de 800 metros entre fuegos artificiales
La jornada comienza por la tarde, con una procesión terrestre en carroza desde la Iglesia Parroquial de San Andrés hasta la ermita de la Virgen. Pero el momento culminante llega al caer la noche. Bajo la luz de las antorchas y el rezo del Rosario, la imagen es trasladada desde el puente nuevo hasta la embarcación que la espera sobre el Tajo.
En un recorrido de unos 800 metros, la barca desciende por el río acompañada de quienes la vitorean, los nadadores que la preceden iluminando el camino y los que la escoltan desde el agua. Al llegar al Puente Viejo, un espectáculo de fuegos artificiales corona la travesía. La Virgen es entonces desembarcada para continuar su procesión hasta la iglesia del pueblo.





