El mundo del periodismo y la comunicación en España está de luto tras el fallecimiento de Fernando Ónega a los 78 años de edad. Considerado una de las voces más respetadas y escuchadas del país, Ónega deja tras de sí un legado imborrable como cronista fundamental de los primeros tiempos de la Transición española, periodo que narró con un rigor y una independencia que se convirtieron en su seña de identidad.
Nacido en Mosteiro (Lugo) en 1947, Ónega solía recordar sus orígenes humildes como «niño de aldea» e hijo de agricultores, cuya pasión por la información nació escuchando emisoras clandestinas en la radio de su padre. A lo largo de su extensa trayectoria, destacó por su neutralidad y su capacidad de análisis, siendo una figura clave tanto en la prensa escrita como en la radio y la televisión, donde ejerció como líder y referente para distintas generaciones de comunicadores.
Definido por sí mismo como «periodista y gallego«, su labor fue reconocida no solo por su calidad informativa, sino también por su papel como impulsor de la «revolución sénior» en sus últimos años. Su partida supone el fin de una era para la crónica política y social de España, dejando un vacío en el análisis equilibrado y pausado que siempre defendió.




